Las dos primeras décadas del siglo XX marcaron un cambio de pulso en la transformación de Madrid como ciudad. Si bien ya se habían ido implementando nuevas y fundamentales infraestructuras desde mediados del siglo anterior, es a partir de 1910 cuando comienza una verdadera modernización de la ciudad con el inicio de las obras de construcción de la Gran Vía.
Sin embargo, existía un grave problema de movilidad debido al colapso circulatorio en la trama urbana del casco y a la dificultad de acceso al centro desde las cada vez más pobladas barriadas del extrarradio.
A este contexto se le sumaba la crisis en la que se encontraba inmersa Europa por la I Guerra Mundial, que provocó entre otras cosas el paro forzoso de millares de obreros por la paralización de obras ocasionada por la guerra.
Es en este difícil momento cuando arranca la historia de un nuevo medio de transporte en la ciudad: el ferrocarril metropolitano subterráneo. Serían tres Ingenieros de Caminos, Antonio González Echarte, Carlos Mendoza y Miguel Otamendi, los que solicitan en 1914 que el Ministerio de Fomento apruebe la concesión de un primer proyecto para la construcción del ferrocarril secundario sin subvención del Estado con un total de 14 km y varias líneas que recorrían los puntos más importantes de la capital: desde Cuatro Caminos a Progreso y desde Marqués de Urquijo a Goya… en definitiva una red mallada con centro en Sol.
La concesión definitiva se otorga en 1917 con un plazo de reversión de 99 años. Las obras comenzaron aquel mismo año y el primer tramo se inauguró el 17 de octubre de 1919.
Veinticinco años más tarde, en 1944, se cierra una primera etapa de la que fuera la Compañía Metropolitano Alfonso XIII, al terminar de construirse el proyecto de las líneas con las que se solicitara la primera concesión. Como muestra de la realidad del fin de un ciclo, en 1945 fallece además el que fuera desde los inicios el arquitecto oficial de metro: Antonio Palacios Ramilo, figura clave en la configuración de la fisonomía más emblemática de Madrid. Suyos son entre otros, el Palacio de Comunicaciones de Cibeles, el Círculo de Bellas Artes, y el Hospital de Jornaleros de Maudes.
A comienzos de los años 50 del siglo XX la red ya contaba con 26 km, casi el doble de la previsión inicial. Pese a este dato, los últimos años tras la guerra civil se caracterizaron por la ralentización en la construcción motivada por las dificultades económicas durante la postguerra.
Dentro de un amplio proyecto de desarrollo del transporte para la ciudad de Madrid, en 1951 el Ministerio de Obras Públicas otorga la concesión del Suburbano de Carabanchel al Ayuntamiento, dentro del proyecto de construcción de unas líneas en superficie que conectaran el centro con los municipios próximos.
En 1955 se promulga el decreto ley de Régimen Compartido de Financiación de la Compañía Metropolitano de Madrid, siendo el estado el encargado de la realización de las infraestructuras y la Compañía la encargada de la explotación comercial, mantenimiento de la red y la compra de material móvil.
En esta nueva situación, las dos décadas siguientes se caracterizan por tres hitos fundamentales: la finalización de las obras del Suburbano de Carabanchel (1961), la ampliación de los andenes de la línea 1 de 60 a 90 metros (1966), y la construcción de la línea 5 (1970), que supondría un eje transversal de comunicación entre el suroeste (Carabanchel) y el noreste (Ciudad Lineal) de la ciudad
En 1974 se inaugura la línea 7, lo que lleva a la red a tener un total de 64 km de longitud. En paralelo, la Compañía se enfrenta a una difícil situación en la que las instalaciones se van quedando obsoletas, el número de viajeros disminuye y entra de lleno en déficit. Esta situación lleva al Estado a intervenir la Compañía, transfiriendo la gestión de la empresa a un consejo de intervención formado por el Ayuntamiento y la Diputación Provincial. Este proceso de desprivatización culminaría en 1986 con la transferencia de la titularidad de Metro a la Comunidad de Madrid, pasando así a convertirse en un ente público dependiente de la Consejería de Transportes bajo el nombre de Metro de Madrid SA (1989).
En esta década de 1980 destacan las inauguraciones de los primeros tramos de la futura línea circular 6 y de las líneas 8 y 9.
Al comienzo de los años 90, la red contaba con una extensión de 115 kilómetros. El hito más importante de estos primeros 5 años es la inauguración de la línea circular completa, que supuso un salto cualitativo en la capacidad y versatilidad del conjunto de la red.
A partir de este momento se van sucediendo diferentes planes de ampliación que se van revisando cada cuatro años con alcances en el trazado que son cada vez mayores. La red duplica su extensión y llega a alcanzar los 220 km en 2003. De esta década hay que destacar la construcción del Metrosur y la llegada del metro al aeropuerto.
Tras esto y hasta el año 2010 se acomete el último gran plan de ampliación que engloba Metronorte, Metroeste y los metros ligeros. Desde entonces y a partir de la crisis económica el ritmo de ampliación de la red ha sido mucho menor.
No obstante, la red ha continuado adaptándose a los nuevos tiempos con la apertura de nuevas estaciones y la puesta en marcha de varios planes de accesibilidad e inclusión a nivel global.
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